No recuerdo cuando fue la última vez que sentí este escalofrío que estremece mis huesos y eriza mi piel. Así como tampoco, cuando soltaste mi mano y comenzaste a caminar en la dirección más distante a nos. Sin embargo, lo que nunca olvidaré, serán tus auténticas e innumerables sonrisas. Sonrisas, que me hacían olvidar todo y que solían llevarme por unos instantes, a un lugar mágico, un lugar en el que al menos yo, era feliz junto a ti.
Cada vez que te recordaba, inmediatamente una sonrisa se apoderaba de mi faz, cada vez que te veía sentía que mi día valía la pena, cada vez que te tenía junto a mí, la vida era otra y el mundo se esfumaba. En ese entonces, sólo había un mundo, el nuestro, nuestro lugar mágico hoy destruido. En ese entonces, no necesitaba nada más que a ti, y el viento que llevaba el mensaje del cuanto te quería en ese instante, en cada instante, en todos los instantes, y en este instante...
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